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UNA VIDA INDIGNA DE SER VIVIDA

P. Miguel Donahue


En enero dos madres con sus hijas con parálisis cerebral estaban sentadas en la primera fila en un acto de entrega de sillas de ruedas y ayudas ortopédicas por parte del Comité Departamental de la Persona con Discapacidad (CODEPEDIS). Ambas alternaban entre la limpieza de las caras salivadas de sus hijas y cambios de posición para mantenerles sentadas en sus faldas. Entre el aumento de peso por su crecimiento y los movimientos espáticos e incontrolables de sus cuerpos, uno se imagina dos madres bien cansadas al final del día.


Ellas esperaban su turno para recibir una silla de ruedas que les ayude a soportar el peso de sus hijas. Después tenían que hablar con la fisioterapeuta para desarrollar un plan de adaptaciones a la silla de manera que les sirva no solamente de transporte sino también de rehabilitación. Se necesita añadirles a estas sillas un soporte para mantener rectas sus cabezas y separaciones de madera forradas con esponja para mantenerles en posiciones que contribuyan a la rehabilitación que reciben en el Centro de Educación y Rehabilitación Física (CERFI) de ANET.


Una semana antes del acto en CERFI, la prensa internacional reveló el hallazgo de 220 cuerpos de personas con discapacidad enterradas entre 1942 y 1945 en una fosa común en las cercanías del centro psiquiátrico del hospital regional en la localidad alpina de Hall en Austria. Mediante el programa secreto, llamada eutanasia Aktion T4, “se estima que casi 200.000 personas con algún tipo de enfermedad o discapacidad fueron asesinadas durante el régimen nazi, después de ser separadas de sus familias con el pretexto de trasladarlos a instituciones sanitarias” (EFE).

Médicos selectos que formaban parte del “Comité para el Registro Científico de las Enfermedades Hereditarias y Congénitas Serias” decidían cuales serían los enfermos incurables, personas con discapacitadad o niños con fallas hereditarias que deberían ser eliminados en unos centros especiales. Estos “Peritos T4” fueron los encargados de asesinarlos con sobredosis de medicamentos, en cámaras con monóxido de carbono y con la supresión de la alimentación.

Se justificaba esta política tanto como acción de compasión hacia el enfermo como beneficio de la comunidad por el alto costo económico por el mantenimiento de estas personas de una vida indigna de ser vivida. 60,000 marcos es lo que esta persona cuesta a la comunidad durante su vida. “¡Alemán, ese es también tu dinero!", leía el lema en la Oficina de Políticas Raciales (Wikipedia).


El más famoso ejemplo de resistencia fue el obispo Alemán Clemens August von Galen (1878-1946) quien escribió cartas pastorales y panfletos “ilegales” que circulaban entre la gente. Notable en el siguiente siglo, el Papa Juan Pablo II se mostraba públicamente en sus últimos días como uno que merecía ser registrado por los nazis por su edad y fallas hereditarias.


Esta filosofía que Hitler y sus seguidores asumieron les auto otorgaba el derecho a negar la vida a los que ellos juzgaban “indignas”. Recordamos la respuesta de la congregación en la Misa: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme.” Aunque nos encontramos “no dignos” frente de Él, no nos mata sino nos da la vida, su vida.


 
 
 

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